UN CUENTITO
DE ARIES
Por Chela y Kitty Bracho
A Narciso le gustaba jugar Fútbol y era un berrinchudo de primera. Esa mañana, el
partido había estado reñidísimo, surgieron discusiones y hasta golpes y a él lo
habían sacado del campo; por eso estaba que se lo llevaba Gestas. Pero lo que más le
reventaba era el haber perdido por penalties.
¡Qué
berrinche!. Regresó a su casa hecho una furia y cerró la puerta de una patada. Su madre
no se animó a saludarlo siquiera y mucho menos a preguntarle qué le sucedía. El
muchacho jamás entraba en razón y, mientras más trataba de calmarlo, más se enojaba.
Así que decidió dejarlo solo. Puso la comida sobre la estufa, por si más tarde quería
comer. Después, salió huyendo a casa de una de sus comadres para irse al cine y luego
cenar o a tomar un café. Al regresar, la casa estaba silenciosa. Se dio cuenta de que su
hijo no había probado bocado y ya debía estar durmiendo. Fue de puntillas a su cuarto y
vio que estaba tapado hasta las orejas y roncando suavemente. Así que se fue a descansar.
No habían pasado ni dos horas cuando escuchó que hablaba y fue a ver qué le sucedía.
-No soportó más esa mancha ... ya me tiene loco ... No
quiero verla ...
Doña Lupe salió sin hacer ruido y regresó con un té de tila que colocó en el buró,
mientras lo movía suavemente para que se destapara la cara. ¡Vaya si se asustó! Narciso
estaba colorado y ardiendo en fiebre.
-Hijo ... ¿Qué te pasa? Estás enfermo. Voy a llamar al doctor.
Narciso medio se enderezó y, aterrado, señaló con el dedo al rincón más alejado de la
pieza...
-Mira, mamá ... ahí está el diablo, en forma de perro
... dile que se vaya.
-Pero hijo, ahí no hay nada ...tal vez parezca eso, pero es sólo el dibujo del tapiz.
Anda, toma el té. Te vas a sentir mucho mejor y a poder dormir.
Doña Lupe llamó al médico, menos mal que éste era amigo de la familia, porque ahora ya
ningún médico hace visitas a domicilio por miedo a tanto asalto.
El doctor examinó al muchacho y puso cara de apuro, porque el mercurio del termómetro
subió hasta el tope y amenazó a escapar por arriba.
-Corra, Doña Lupe, traiga hielo en una vasija. Voy a destapar un poco a Narciso, así que
vea si las ventanas están cerradas, para que no se hagan corrientes. Tenemos que bajar la
temperatura de este muchacho para que no se vaya a volver loco ... o a darle una
meningitis.
Pasaron horas y horas, poniéndole bolsas de hielo y trapos
mojados por todo el cuerpo. Narciso estaba enloquecido y hablaba de la mancha en la pared,
del perro y del chamuco que iba por él.
Después de dos semanas, Narciso se recuperó ... regresó
a la escuela y también al fútbol. No volvió a hacer corajes. Pero antes de comer,
lavaba el pedazo de pared donde aseguraba que aún seguía la mancha. El muro ya estaba
desteñido de tanta frotada con jabón, vinagre, acetona, éter, agua y alcohol. De
milagro no hizo un agujero.
Narciso cambió mucho de carácter y ya no se enojaba con
sus compañeros ni les armaba bronca a los contrarios. Pero lo de la mancha se había
convertido para él en una obsesión. Cambió el tapiz varias veces y finalmente decidió
arrancarlo y pintar la pared, recorriendo todas las marcas y colores que había en la
tlapalería. La mancha seguía igual, al menos eso decía él.
No se le pasó la manía hasta muchos años después,
cuando conoció a Lucero, se enamoró de ella perdidamente y después de un noviazgo no
muy largo, se casaron y se fueron a vivir a otro departamento.
Su madre nunca sacó a relucir el incidente, pero un día
sorprendió a su nuera lavando un trecho de pared. Así siguieron las cosas, hasta que
nació su primer niño. Lucero colocó la cuna bajo la supuesta mancha y en la pared
colocó un cuadro muy bonito con un ángel de la guarda. Y santo remedio ...
Conclusión
Los arianos son buenos deportistas, pero no saben perder.
Son obsesionados, tercos, muy emotivos y pierden los estribos con facilidad. Imaginan
problemas que no existen. Curiosamente, también soportan fiebres muy elevadas. Y que nos
perdone la mamá de Narciso, pero ella tuvo la culpa de lo sucedido por no haberle hablado
nunca su hijo del ángel de la guarda. |