Y va de
cuento... para Tauro.
Un cuento de Chela Bracho
Los niños de la escuela acostumbraban ir a la cañada en sus paseos, y cada vez,
mientras todos jugaban, Pedro se la pasaba tratando de hacer un agujero en una piedra
enorme y redonda.
- ¿Qué estás tratando de hacer? Ven a jugar con nosotros
a los encantados.
- No iré - contestaba Pedro -. Voy a buscar un hoyo aquí
para meter una soga y llevarme la piedra a casa.
Todos se burlaron de él, y éste aseguraba que un gnomo le
había contado que en centro de esa piedra estaba un enorme trozo de oro puro que había
escondido un rey.
- ¡Estás loco!- corearon todos.
- Es puro cuento.... una leyenda... dijo otro,
tratando de contener la risa.
Pasaron muchos años. Los niños crecieron y se olvidaron
de los juegos. Pedro se casó y tuvo tres hijos, era un simple jornalero, pero jamás
perdió la costumbre de ir a la cañada, y siguió con su tarea. Un buen día, la piedra
redonda desapareció.
Al poco tiempo, el humilde jornalero, estrenaba casa y él,
su mujer y sus hijos, empezaron a lucir ropas catrinas. Pedro se veía feliz y lucía una
sonrisa que le iba de oreja a oreja.
Y todos los que le conocían se preguntaron qué habría
sucedido. ¿Se sacaría la lotería? ¿Le habría tocado una herencia?
Muchas fueron las versiones, pero creo que nunca adivinaron
la verdad.
CONCLUSIÓN
La tenacidad y perseverancia de un tauro, si consigue
vencer su flojera, lo llevarán a conseguir el triunfo y la riqueza.
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