CUENTO
CORTITO PARA LOS NACIDOS BAJO EL SIGNO DE VIRGO
Por Kitty y Chela BrachoES SOBRE LA VIRGEN, PERO ES CUENTO.
Cuentan que hace muchos años se encargó a un famoso
escultor la figura de una sirena para adornar la quilla de un barco. El artista pasó
varios días probando diferentes materiales, pero ninguno le satisfacía, hasta que por
fin dio con uno que se amoldó a sus manos; con él experimentó en las yemas de los dedos
un suave calor y la dulce sensación de la energía creativa. Era ésa, la madera de un
árbol aromático la que lo embriagó desde un principio, embargándolo de un extraño y
desconocido placer. Inició su obra con pasión, poniendo en ella todos sus sentidos.
Trabajó día y noche dormitando a ratos y comiendo lo poco que su aturdido ayudante le
llevaba a veces, pero que no quería alejarse de su obra ni un instante. A través de la
ventana de su estudio podía ver el mar y sentir su brisa.
Tallaba y tallaba sin descanso el enorme tronco, hasta que
fue apareciendo el rostro de una bellísima mujer, y cuando modeló sus labios, le
pareció escuchar un dulce canto. Cuando esculpió sus ojos, el suave destello del sol,
que asomaba, los lleno de luz, como si estuvieran vivos, y él se hundió gozoso en su
mirada. Le dio un pelo ensortijado y largo, para que pareciera flotar al compás del
viento, y sus dedos quedaron atrapados en él. Fue cuando deseó que cobrara vida, para
que ella le ayudara a liberarlos, con místico fervor, modeló senos y brazos y acarició
la curva de su talle. El fulgor de un rayo iluminó el taller del escultor que,
enloquecido de amor y deseo se gritó a sí mismo:
¡No te haré Sirena!... te haré mujer, y serás mía.
Sollozante se abrazó al resto de la madera, aún sin
tallar, sintiéndolo temblar entre sus bazos.
Al día siguiente quedó terminada la sirena y fue colocada
en la quilla del barco. Dicen que el escultor fue languideciendo y jamás volvió a tallar
o esculpir, ni a realizar obra alguna porque perdió el gusto por la vida y se dedicaba
sólo a vagar por la playa, con la mirada perdida, como si estuviera esperando el regreso
del barco que se llevó a su sirena.
CONCLUSIÓN
Como ya habrán adivinado, el escultor pertenecía al signo
de Cáncer. ¿Y la Sirena?, naturalmente una Virgo que no quiso ser mujer, sino una
virgen, protegida del sexo mediante las escamas de un místico ser. Había nacido de un
tronco, que pertenece a la tierra, pero su imaginación con alas, obra de Mercurio, la
llevó a viajar con él a lugares plagados de fantasía. |